Desastre natural

No importa cuánto penetrara tu cuerpo, jamás notaste que mi alma deseaba entrar también. Tu piel tan fría, tu mirada tan distante, las manecillas se congelaban sin sentido y mi abismo se expandía cada vez más. ¿Qué razón me impulsó a amarte de tal manera? ¿Cómo es que todo se fue a la mierda si decías quererme igual? Quizá no era suficiente el todo que te entregaba, quizá soñé demasiado y fuiste tú quien se equivocó de hombre al que engañar.

No sé si fue tu cadera, tu olor o el daño que me hacía el veneno de tus caricias. No sé si era el pago merecido por un buen por venir. No sé y no me interesa el por qué me heriste tanto, lo que deseo es perdonarte para que ya no me duelas más, para que al verte deje de escuchar los ecos del caos que causaste en mi interior.

Muero por encontrar la forma de ignorar esos meses que entregué a ciegas, por que todo el alcohol que hay en mi cuerpo destruya la imagen perfecta que aún tengo de ti. Por perderme en los brazos sinceros de esta mujer que tanto me ama, por creer una vez más que eres buena y no quisiste que mis lágrimas brotaran… Pero es tu arrogante sonrisa la que no me deja olvidar.

Mal sueño

Tal vez estoy enamorada de la persona incorrecta, y tal vez ya no vale la pena caer de tan alto y tan desprotegida.
¿Era necesario arrancarme las alas de esa forma?
Lo que me atreví a pedir fue sólo tu honestidad, ni siquiera un beso, ni palabras amorosas, mucho menos tiempo o tu protección.
Nuevamente somos como dos extraños, que se conocen muy bien pero no pueden estar cerca el uno del otro. Las circunstancias creo, son bastante diferentes ahora, pero a fin de cuentas todo vuelve al mismo punto.
Aún ahora sé que puedo asegurar que lo que siento no es una ilusión, aunque a veces parezca que lo que sucede entre tú y yo no es más que un sueño ... en este momento, una tonta pesadilla.

No es ...

No se trata de lo mucho que pienso en ti al amanecer, ni de las horas que dedico a nombrarte de distintas formas para no declarar abiertamente que es por ti que me mantengo en vela. No es que mi piel no se canse de extrañarte y mis ojos se empapen de nostalgias cuando te miro. No, no se trata sólo de eso.

Hay algo más profundo que las madrugadas perdidas, que el deseo lacerante y las palabras escondidas. Hay algo más allá de todo lo que somos, de las cosas que al parecer nos representan, de los recuerdos, las maldiciones y la costumbre.

¿Qué será eso que a ver no alcanzo?

Quizá no deba darle importancia, como a esta sensación de hundirme en un mar inmenso, sin retorno a tierra firme, y con la certeza abrumadora de que no terminaré ahogándome.

Fuga

Me he roto en mil pedazos.

El alma no me cabe, no encuentra su lugar.
Un cuerpo tibio, dormido a mi lado …
Sólo eso quisiera sentir.
Tú, tu manto de piel entre mis brazos.

Si me dueles, es por la ausencia del calor.
Sin ti mis noches son de hielo, los días no tienen fin,
Y la lluvia cae incesante, pero no escucho tu voz en su murmullo.

Quiero que sepas que a tu lado soy feliz,
Que ya no me intimida decirte que me gustas,
Y que las notas escondidas de mis versos son siempre para ti.

Un siempre y un nunca, eso hemos sido tú y yo,
El fuego de un beso ensombrecido,
El frío de poseerte aún sabiéndote prohibido.

Siento mi cuerpo de plomo,
Cayendo entre estos muros porque no sé qué hacer.
Mi deseo discute con el deber,
Pero para mí, el mayor de mis deberes es hacerte reír.

El Santo en el que nunca he creído

De esta fecha en específico tengo vagos recuerdos de cosas importantes.

Está por ejemplo el juego del Amigo secreto que organizó la profesora de sexto grado en la primaria, y que dio como resultado una quebradera de cabeza por tratar de adivinar quién era ese anónimo compañero que nos dejaba notas y dulces al término de las clases. Luego está, por supuesto, la reunión que hubo en mi casa donde comí chocolates y una gelatina deliciosa en forma de corazón, cortesía de mi novio en turno, acompañada por un gran amigo y su novia (lo que ocurrió mas tarde no lo recuerdo).

Inmediatamente después viene a mí la canasta con globos y besos plateados que llegó a Honorato de Balzac en Zapopan, una verdadera sorpresa ya que no llevaba con ese otro chico ni un mes ...

Realmente nunca me ha gustado ver al 14 de febrero como un día para celebrar, un tanto por apatía con las cursilerías dignas de los enamorados, y otro tanto porque no me identifico con la fecha.

Hace unas noches, trataba de descubrir con un viejo conocido el por qué no me es sencillo expresarme románticamente, y concluimos que todo se debe básicamente a un bloqueo, a que llego a sentirme absurda cuando la ternura y las palabras dulces comienzan a brotar.

No es que el amor me parezca una cosa desagradable, o que la ternura no me sea algo natural, simplemente no soy del tipo que hace cartas de amor con corazones, ni sé cómo organizar una cena romántica o un paseo inolvidable. Es decir, incluso en año nuevo uso ropa interior roja por la creencia de que eso atraerá al amor a partir del siguiente amanecer, en mi haber existen más pensamientos que clamen por cariño que otra cosa, pero no logro entender a aquellos que por quedar bien, organizan cosas imposibles en una fecha que algunas veces puede compararse con la navidad por el consumismo que provoca.

Soy como un Grinch del día de San Valentín (vaya historia trágica la suya, ahí se la lleva con Romeo y Julieta), quizá porque lo mío es más pasional que amoroso, y eso no lo celebramos.

¿Qué hay de la emoción y el nerviosismo del primer encuentro carnal? Casi tan desastroso como el primer beso, pero sin duda más memorable, y ese sí que nos deja con la sensación, casi de obligación, de mejorarlo muchísimo para la siguiente cita.

La penetración de la carne en la carne; el roce de la mano en la mejilla; el veneno y la cura, el don maldito de amar … No es que no anhele con todo mi ser festejar lo que me mantiene con vida, es que me parece que necesita una resignificación, así quizá tendría más sentido recibir un regalo en esta o cualquier otra fecha, siempre que sea de corazón, aunque no conozcamos de quién proviene el sentimiento.

Esto ... ¿Feliz día de San Valentín?

2 de Febrero

Ya no lo recordaba, quizá mi mente lo bloqueó o … no sé.

Hace dos años exactamente comenzaba una relación, se avivaba una sed que apareció al encuentro de dos cuerpos que no tenían nada que perder, pues habían perdido bastante y necesitaban una razón poderosa para creer (en sí mismos, en el amor …).

Él fue mi razón y yo me convertí en la suya.

Durante un tiempo su amiga Fortuna parecía sonreírnos, pero el Destino, su eterno enemigo, nos convirtió en marionetas inservibles, meros espectadores del caos que rondaba a nuestro alrededor. Quizá fue nuestra culpa, realmente ni de eso estoy segura.

Jamás lloré tanto por alguien, jamás una despedida me destrozó de tal forma. No conocía el significado de “duelo” hasta que aquella madrugada de diciembre nos cortaron las alas con la prohibición de un nuevo encuentro. Antes de eso, la vida era muy buena, podría jurar que había encontrado a ese alguien con quien compartir el todo … después, la semana se me fue en llanto, inapetencia y desvaríos. Seguíamos juntos, pero lo que se rompió esa noche jamás pudo componerse.

Un mail es lo que me ha refrescado la memoria, una especie de carta de (des)amor con una posdata en rojo que dicta un HASTA SIEMPRE. La nostalgia es lo que queda entre nosotros, pero antes de poder decirle nada, en mi mente quedó flotando una frase que llegó a conmoverme:

Espero pronto poder verte sin sentir cómo los ecos del pasado agitan mi corazón haciéndolo temblar …

Para mi las cosas se han vuelto muy distintas. Ya no siento ese calor que me embriagaba al verlo, ni qué decir de la necesidad de estar entre sus brazos. ¿Quién puede saber qué pasará después entre nosotros? Quizá lo mejor sería separarnos, por el bien de los corazones rotos. Él tiene la firme creencia de que el tiempo no cura nada; yo pienso que si bien no cura, ayuda a hacernos más olvidadizos.

Gritaré para que vuelvas

Conversando con una hermosa chica, recordé este fragmento de uno de mis libros favoritos. Recordé también que es muy cierto, que lo he experimentado varias veces este año, y que acompañado de esta canción tan significativa para mi, es aún más poderoso el sentimiento.
No sé ... han sido raras nuestras noches.


A veces pasaba un día entero sin pensar en él ni echarlo de menos. [...] Pero a veces llegaba un día, un día gris (o soleado) en que lo echaba de menos con tal intensidad que se sentía vacía, dejaba de ser mujer para convertirse en un árbol hueco y atenazado por el frío de noviembre. Así se sentía en aquel instante, con ganas de gritar su nombre para traerlo a casa, y su corazón se encogió ante la perspectiva de los años que tenía por delante, y se dijo que el amor no merecía la pena si el precio era sentirse así, aunque sólo fuera durante diez segundos.
Stephen King
La historia de Lisey

Pérdidas y ganancias.

Ella se marcha, aún no sabe qué día pero se irá esta semana.

La mayoría de nosotros, ante la noticia, reaccionó de la forma esperada: con una rotunda negativa. Yo prometí no detenerla ni con mis argumentos, y no lo he hecho. Eso pareció sorprenderla aún más, pues en vez de desmotivarla le ayudo a empacar y a redactar las reglamentarias cartas de despedida a su familia.

A ella la conozco desde hace catorce años, cuando el mundo eran sólo caricaturas, vacaciones demasiado cortas y días larguísimos. Cuando a ninguna le había crecido la cadera y no sabíamos lo que era un novio. Tiempos raros y confusos, bromas, alegrías y tristezas. Toda una puñetera vida a su lado.

Ella se va y yo me quedo con las cosas que no puede llevarse (para mandárselas vía Estafeta en cuanto tenga domicilio fijo). Se muere de miedo aunque está emocionada, mientras yo me debato entre la tristeza y las ganas de irme con ella.

Las cosas ya eran bastantes confusas en mi mente antes de saber sobre la fuga …

Hace unos días tuve un sueño horrendo en el que veía a mi ex tremendamente golpeado, pero andando como si nada e hinchándose su rostro conforme avanzaba. Perturbador, dado que la despedida fue un poco dramática.

No sé si la forma en la que estoy actuando sea la adecuada; no sé si deba alejarme de él o seguir a su lado cual si todo fuera lo mismo. No sé si debiera ser la primera en decirle a ella que no se vaya, pero sé que si me mantuviera a “raya” estaría más ansiosa, y de actuar indiferente sí que me arrepentiría.

Perdí una pareja (linda en realidad), me alejo de una gran amiga (la más extraña y cercana que he tenido), pero gano experiencias que contar cuando sea mayor, unas orejeras y unos pantalones que ella abandona porque le quedan grandes; conservo un muñeco en forma de cebra rosa, un ángel al cuello y unas semillas que fungen como juguete, cientos de besos dulcísimos y varias noches en vela. Vagos recuerdos de una adolescencia compartida con una chica genial y lejana; memorias frescas de un amor que fue intenso y duró poco.

He ganado un amigo que antes no hice por distracción, y pierdo la cercanía de un hombro en el cual llorar, una risa que no escucharé tan pronto y la plática amena de alguien que estuvo a mi lado hasta en los momentos más crudos, quien ahora traza su propia aventura guiada por una decisión precipitada, sueños de libertad y un amor que le ha hecho daño, pero que le abre la puerta a la posibilidad de luchar por ella misma.

En su lugar yo haría lo mismo, así que pienso soportar lo que venga por ser su cómplice y aliada, deseándole la mejor de las fortunas y anhelando que el sacrificio merezca la pena.

Placer extraño

Dividida me siento, ahogándome en el deseo de tus manos desnudando mi esencia, deseando que tus suspiros se mantengan flotando en mi cabeza. ¿Por qué me cuesta tanto recordar tu voz? Será que pruebo tus besos en los labios de otro, haciendo con su cuerpo lo que anhelo hacer en el tuyo. Me confundo.

Entro y salgo de su vida como si no valiera nada, voy y vengo de la tuya huyendo de mis fantasmas. Estúpido miedo que me ata las manos, que me absorbe, me mata, me niega aquello que tanto quiero y me hace volver siempre al mismo sitio.

Quizá sólo tenga que hacer las preguntas correctas … ¿responderás lo que yo deseo escuchar? Me intriga.

Caigo nuevamente y me pierdo en el silencio de mis sábanas, solas y vacías sin tu cuerpo.

Una llamada lacerante, tus ojos que atraviesan mi mirada, lo amargo de tu ser en mis entrañas, y esta sed que no termina, que me acaba, me enloquece, me levanta.


Estoy muriendo de amor, y está bien.

Sobre las hojas

Hay cosas que jamás olvidaremos, cicatrices oscuras y penetrantes que desequilibran la razón y nos envían directo a la penumbra, a nuestro infierno personal, al cementerio de los sueños rotos.
¿Qué se puede decir de un amor que no se agota? ¿Y qué de un dolor que no termina?
Esta noche escribo por mi, pero también por quienes se han visto merodeados por la desesperación últimamente, por esas tristezas añejas que siempre dolerán, huellas imperfectas de un pasado gris que no desaparecerá, que llevaremos a cuestas porque no sabemos cómo desprendernos de ellas.
Estamos rodeados de cuentos con final feliz, de historias imposibles que más de una vez nos han hecho preguntar "¿por qué a mi no?". Al menos yo, confieso que tengo la cabeza llena de ideales, fantasías y momentos que debieran terminar con un "Y vivieron felices para siempre ..." los cuales, con el tiempo, he descubierto que no necesariamente terminan así.
Ya no hablemos de príncipes azules, de superhéroes o de magia; hablemos de un buen compañero (o compañeros), de personas a las cuales admirar, de momentos cargados de misterio y pasión.

Aún existen, ¿verdad?
Esta noche la Luna está llena, custodiada por un viento helado y un manto de estrellas congeladas. Una noche perfecta para guarecerme entre tus brazos, mirar al infinito y borrar mis penas. Perfecta sería, claro, si pudiera acurrucarme en tu hombro desnudo, mecerme con tu respiración acompasada, entrelazar nuestros pies y tomar tus dedos entre mis manos frías.
Aún más perfecta si supiera exactamente que tú deseas lo mismo, que no son charadas que tu ser me necesita, que al amanecer me habré olvidado de los cuentos, y estaré viviendo mi propia historia soñada ...
Pero el amanecer ya está muy cerca, y embriagada de nostalgias, sola y desesperada es como me encuentro; pensando que es injusto amarte, por el dolor que eso provoca.

Fiebre

¿Cómo escribir si no tengo las palabras correctas? ¿Cómo si me perdí esta noche porque las horas me fueron insuficientes?
Con ojos abiertos fui acosada por sueños y astillas, que se encajaron en mi mente y me dejaron sorda, mareada y mal herida.
El tren pasó después de la hora convenida, para ofrecer la despedida a mi amante invisible, a sus caricias de humo y a su aliento imaginario. Adiós a su cuerpo transparente, a los latidos de su corazón inexistente, a las hebras de su cabello de noche, sus ojos de claro, su piel de cuarto menguante. Adiós a las noches serenas, a los sueños vacíos y los días sin alma. Adiós pues a mi calma, a mi camino a solas, a mi voz sin tu nombre, a tu piel sin la mía.

Frío

Se me hizo poco el tiempo que estuvimos juntos,
en que pudimos compartir aliento y risas;
tu cuerpo a mi lado, rodeando el mío, entrelazado a mi ...
un hermoso sueño que quisiera siempre repetir.
Me duele la distancia, me duele tu voz lejana,
no poder tocar tu rostro cuando me plazca.
Me duele no escucharte reír, no ser tu abrigo, tu vaso de alcohol.
Me duele aunque falta poco, aunque tres días supieron a un año de idilio,
aunque tus versos viajan hasta mi, y tu música atraviesa mis oídos.
La noche es fría, y yo te amo demasiado.
Quisiera nunca despedirme de ti,
no dormir si es necesario para mirarte en la penumbra,
¿Es esto amor o locura?
El uno roza con la otra como en un baile en decadencia,
como mi razón danza al filo del precipicio cuando te siento lejano,
como ahora.

Para el mejor fin de semana de mi vida.

¿Hasta siempre?

Vengo de una travesía frenética por el centro de Guadalajara, donde cada una de las tres horas que pasé ahí jamás vi cumplido mi deseo de que lloviera. Ahora los nubarrones acechan la ciudad por mi ventana. Bienaventurado el que está bajo techo.

Ahora bien, lo que me trae aquí es una simple necesidad de desahogo. Ya cuento los días para volver a casa (hogar suena muy cursi), las semanas que faltan para despedirme (quizá / lo más probable) parcialmente de aquí, de sus calles extrañas e incómodas para caminar, de su clima caluroso, de su gente francamente difícil de tratar (vale, la extranjera soy yo :P), y de las tortas ahogadas.

La señora con la que vivo me dijo que iban a extrañarme (su familia y ella, supongo), pero que yo también los extrañaré (suena a maldición, ¿a que si?), y me quedé pensando qué tan fuerte podría ser ese sentimiento. Es decir, han sido dos años que se me han ido bastante a prisa, donde creo yo que he aprendido muchísimo, tenido de experiencias a más no poder, reído, llorado, disfrutado y padecido.

A final de cuentas todo esto es parte de un proceso (de crecimiento me imagino, ¿o yo qué coños sé?), y que extrañe o no este sitio y lo que él conlleva dependerá del tiempo, de mi situación después de, de qué tanta falta me hará ver a la gente a la que estimo (léase: profesores, amigos y conexos), o de cualquier otro factor que por ahora escapa a mi imaginación.

Sé que añoraré esta habitación que pinté de rojo, puesto que ya la sentía como mía; pensaré seguido en las diferencias que hay entre la comida de mi madre y la de la mamá de a "mentis"; en todos los lugares bonitos que nunca pude fotografiar; en todas las cosas que me sucedieron aquí, en el centro, en la central, y en otros lugares que no mencionaré porque quien debe, sabe a qué me refiero.

Aún no canto victoria, puede que en el último momento me digan "siempre no" y tómala que me dejan aquí varada con todo y cosas :P (papá: si te creo capaz), pero la esperanza de ver amanecer muy pronto en el lugar que tanto amo, me da nuevas alas y renueva mis ganas de gritar:
¡HE VUELTO!