martes 2 de febrero de 2010

2 de Febrero

Ya no lo recordaba, quizá mi mente lo bloqueó o … no sé.

Hace dos años exactamente comenzaba una relación, se avivaba una sed que apareció al encuentro de dos cuerpos que no tenían nada que perder, pues habían perdido bastante y necesitaban una razón poderosa para creer (en sí mismos, en el amor …).

Él fue mi razón y yo me convertí en la suya.

Durante un tiempo su amiga Fortuna parecía sonreírnos, pero el Destino, su eterno enemigo, nos convirtió en marionetas inservibles, meros espectadores del caos que rondaba a nuestro alrededor. Quizá fue nuestra culpa, realmente ni de eso estoy segura.

Jamás lloré tanto por alguien, jamás una despedida me destrozó de tal forma. No conocía el significado de “duelo” hasta que aquella madrugada de diciembre nos cortaron las alas con la prohibición de un nuevo encuentro. Antes de eso, la vida era muy buena, podría jurar que había encontrado a ese alguien con quien compartir el todo … después, la semana se me fue en llanto, inapetencia y desvaríos. Seguíamos juntos, pero lo que se rompió esa noche jamás pudo componerse.

Un mail es lo que me ha refrescado la memoria, una especie de carta de (des)amor con una posdata en rojo que dicta un HASTA SIEMPRE. La nostalgia es lo que queda entre nosotros, pero antes de poder decirle nada, en mi mente quedó flotando una frase que llegó a conmoverme:

Espero pronto poder verte sin sentir cómo los ecos del pasado agitan mi corazón haciéndolo temblar …

Para mi las cosas se han vuelto muy distintas. Ya no siento ese calor que me embriagaba al verlo, ni qué decir de la necesidad de estar entre sus brazos. ¿Quién puede saber qué pasará después entre nosotros? Quizá lo mejor sería separarnos, por el bien de los corazones rotos. Él tiene la firme creencia de que el tiempo no cura nada; yo pienso que si bien no cura, ayuda a hacernos más olvidadizos.

sábado 23 de enero de 2010

Gritaré para que vuelvas

Conversando con una hermosa chica, recordé este fragmento de uno de mis libros favoritos. Recordé también que es muy cierto, que lo he experimentado varias veces este año, y que acompañado de esta canción tan significativa para mi, es aún más poderoso el sentimiento.
No sé ... han sido raras nuestras noches.


A veces pasaba un día entero sin pensar en él ni echarlo de menos. [...] Pero a veces llegaba un día, un día gris (o soleado) en que lo echaba de menos con tal intensidad que se sentía vacía, dejaba de ser mujer para convertirse en un árbol hueco y atenazado por el frío de noviembre. Así se sentía en aquel instante, con ganas de gritar su nombre para traerlo a casa, y su corazón se encogió ante la perspectiva de los años que tenía por delante, y se dijo que el amor no merecía la pena si el precio era sentirse así, aunque sólo fuera durante diez segundos.
Stephen King
La historia de Lisey

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jueves 21 de enero de 2010

Pérdidas y ganancias.

Ella se marcha, aún no sabe qué día pero se irá esta semana.

La mayoría de nosotros, ante la noticia, reaccionó de la forma esperada: con una rotunda negativa. Yo prometí no detenerla ni con mis argumentos, y no lo he hecho. Eso pareció sorprenderla aún más, pues en vez de desmotivarla le ayudo a empacar y a redactar las reglamentarias cartas de despedida a su familia.

A ella la conozco desde hace catorce años, cuando el mundo eran sólo caricaturas, vacaciones demasiado cortas y días larguísimos. Cuando a ninguna le había crecido la cadera y no sabíamos lo que era un novio. Tiempos raros y confusos, bromas, alegrías y tristezas. Toda una puñetera vida a su lado.

Ella se va y yo me quedo con las cosas que no puede llevarse (para mandárselas vía Estafeta en cuanto tenga domicilio fijo). Se muere de miedo aunque está emocionada, mientras yo me debato entre la tristeza y las ganas de irme con ella.

Las cosas ya eran bastantes confusas en mi mente antes de saber sobre la fuga …

Hace unos días tuve un sueño horrendo en el que veía a mi ex tremendamente golpeado, pero andando como si nada e hinchándose su rostro conforme avanzaba. Perturbador, dado que la despedida fue un poco dramática.

No sé si la forma en la que estoy actuando sea la adecuada; no sé si deba alejarme de él o seguir a su lado cual si todo fuera lo mismo. No sé si debiera ser la primera en decirle a ella que no se vaya, pero sé que si me mantuviera a “raya” estaría más ansiosa, y de actuar indiferente sí que me arrepentiría.

Perdí una pareja (linda en realidad), me alejo de una gran amiga (la más extraña y cercana que he tenido), pero gano experiencias que contar cuando sea mayor, unas orejeras y unos pantalones que ella abandona porque le quedan grandes; conservo un muñeco en forma de cebra rosa, un ángel al cuello y unas semillas que fungen como juguete, cientos de besos dulcísimos y varias noches en vela. Vagos recuerdos de una adolescencia compartida con una chica genial y lejana; memorias frescas de un amor que fue intenso y duró poco.

He ganado un amigo que antes no hice por distracción, y pierdo la cercanía de un hombro en el cual llorar, una risa que no escucharé tan pronto y la plática amena de alguien que estuvo a mi lado hasta en los momentos más crudos, quien ahora traza su propia aventura guiada por una decisión precipitada, sueños de libertad y un amor que le ha hecho daño, pero que le abre la puerta a la posibilidad de luchar por ella misma.

En su lugar yo haría lo mismo, así que pienso soportar lo que venga por ser su cómplice y aliada, deseándole la mejor de las fortunas y anhelando que el sacrificio merezca la pena.

martes 5 de enero de 2010

Placer extraño

Dividida me siento, ahogándome en el deseo de tus manos desnudando mi esencia, deseando que tus suspiros se mantengan flotando en mi cabeza. ¿Por qué me cuesta tanto recordar tu voz? Será que pruebo tus besos en los labios de otro, haciendo con su cuerpo lo que anhelo hacer en el tuyo. Me confundo.

Entro y salgo de su vida como si no valiera nada, voy y vengo de la tuya huyendo de mis fantasmas. Estúpido miedo que me ata las manos, que me absorbe, me mata, me niega aquello que tanto quiero y me hace volver siempre al mismo sitio.

Quizá sólo tenga que hacer las preguntas correctas … ¿responderás lo que yo deseo escuchar? Me intriga.

Caigo nuevamente y me pierdo en el silencio de mis sábanas, solas y vacías sin tu cuerpo.

Una llamada lacerante, tus ojos que atraviesan mi mirada, lo amargo de tu ser en mis entrañas, y esta sed que no termina, que me acaba, me enloquece, me levanta.


Estoy muriendo de amor, y está bien.

jueves 3 de diciembre de 2009

Sobre las hojas

Hay cosas que jamás olvidaremos, cicatrices oscuras y penetrantes que desequilibran la razón y nos envían directo a la penumbra, a nuestro infierno personal, al cementerio de los sueños rotos.
¿Qué se puede decir de un amor que no se agota? ¿Y qué de un dolor que no termina?
Esta noche escribo por mi, pero también por quienes se han visto merodeados por la desesperación últimamente, por esas tristezas añejas que siempre dolerán, huellas imperfectas de un pasado gris que no desaparecerá, que llevaremos a cuestas porque no sabemos cómo desprendernos de ellas.
Estamos rodeados de cuentos con final feliz, de historias imposibles que más de una vez nos han hecho preguntar "¿por qué a mi no?". Al menos yo, confieso que tengo la cabeza llena de ideales, fantasías y momentos que debieran terminar con un "Y vivieron felices para siempre ..." los cuales, con el tiempo, he descubierto que no necesariamente terminan así.
Ya no hablemos de príncipes azules, de superhéroes o de magia; hablemos de un buen compañero (o compañeros), de personas a las cuales admirar, de momentos cargados de misterio y pasión.

Aún existen, ¿verdad?
Esta noche la Luna está llena, custodiada por un viento helado y un manto de estrellas congeladas. Una noche perfecta para guarecerme entre tus brazos, mirar al infinito y borrar mis penas. Perfecta sería, claro, si pudiera acurrucarme en tu hombro desnudo, mecerme con tu respiración acompasada, entrelazar nuestros pies y tomar tus dedos entre mis manos frías.
Aún más perfecta si supiera exactamente que tú deseas lo mismo, que no son charadas que tu ser me necesita, que al amanecer me habré olvidado de los cuentos, y estaré viviendo mi propia historia soñada ...
Pero el amanecer ya está muy cerca, y embriagada de nostalgias, sola y desesperada es como me encuentro; pensando que es injusto amarte, por el dolor que eso provoca.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Fiebre

¿Cómo escribir si no tengo las palabras correctas? ¿Cómo si me perdí esta noche porque las horas me fueron insuficientes?
Con ojos abiertos fui acosada por sueños y astillas, que se encajaron en mi mente y me dejaron sorda, mareada y mal herida.
El tren pasó después de la hora convenida, para ofrecer la despedida a mi amante invisible, a sus caricias de humo y a su aliento imaginario. Adiós a su cuerpo transparente, a los latidos de su corazón inexistente, a las hebras de su cabello de noche, sus ojos de claro, su piel de cuarto menguante. Adiós a las noches serenas, a los sueños vacíos y los días sin alma. Adiós pues a mi calma, a mi camino a solas, a mi voz sin tu nombre, a tu piel sin la mía.

martes 17 de noviembre de 2009

Frío

Se me hizo poco el tiempo que estuvimos juntos,
en que pudimos compartir aliento y risas;
tu cuerpo a mi lado, rodeando el mío, entrelazado a mi ...
un hermoso sueño que quisiera siempre repetir.
Me duele la distancia, me duele tu voz lejana,
no poder tocar tu rostro cuando me plazca.
Me duele no escucharte reír, no ser tu abrigo, tu vaso de alcohol.
Me duele aunque falta poco, aunque tres días supieron a un año de idilio,
aunque tus versos viajan hasta mi, y tu música atraviesa mis oídos.
La noche es fría, y yo te amo demasiado.
Quisiera nunca despedirme de ti,
no dormir si es necesario para mirarte en la penumbra,
¿Es esto amor o locura?
El uno roza con la otra como en un baile en decadencia,
como mi razón danza al filo del precipicio cuando te siento lejano,
como ahora.

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Para el mejor fin de semana de mi vida.