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A tu vuelta

Otra buena canción de Fernando Delgadillo que me parece perfecta para un día de tormenta ¡Disfruten! (o lloren, me da igual)
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Hasta la fecha siempre hubo un mañana
y qué es lo que hicimos de lo que serían
nuestros dolientes caminos
que esa tarde se dividían.
Hacía dónde anduvimos sin buscarnos
qué limpios fueron quedando los días
y el cielo inquieto y nocturno
los sueños que sorprendería.
Tú y yo tan lejos de aquellos amantes
que a su pesar van borrando los días,
que alguna vez se alejaron distantes
para olvidar lo que ya no serían.
Y hoy que me ha dado la suerte un camino te vuelvo a encontrar.
Te miento si digo no haber pensado
que era posible y que sucedería
y algo se mueve y recrea
esta eminente escena y nos la envía.
Y me recuerda el verte tantas cosas
que en algún sitio he dejado en suspenso
que solamente han estado esperando por este momento.
Que si un día fueron tuvieron sentido
para volver a enfrentarnos delante
dejando atrás al tiempo y sus abismos
con sus llamadas y sus visitantes.
Para el reencuentro que tengo hoy contigo y en este lugar.
Yo sé que siempre se sigue adelante
y que nos llenamos de otros nuevos días
y al eventual transcurrir de las tardes
un día vi el batir de las alas de ayer.
Más no partió tu recuerdo incesante
y aún me despierto al eco de tu risa
de vuelta a atrás donde a veces estás
pero qué hago con tanto que nunca se fue.
Si cada quien va jugando hoy su vida
con lo que cree de lo que le enseñaron
y andamos siempre tan definitivos
tan decididos a purificarnos.
Lo cierto es que hace unos meses me da por ponerme a esperar.
Si te lo cuento es porque estás volviendo
amaneciendo vendrás con los días
el tiempo pasa y porque no te tengo
es que sólo me ha quedado tu partida.
Ayer dejé de guardarte canciones
hoy te propongo ésta y me voy dejando
la puerta abierta para que a tu vuelta no dejes de entrar
... no dejes de entrar.

Cuento corto

El tiempo parecía no transitar mientras él hablaba y dirigía a su tripulación. Ella lo miraba ir y venir entre la gente, sobresaliendo siempre por su vigor. El calor arreciaba y por ello la joven se refugiaba al lado de la escalera, sentada sobre un barril que probablemente contenía ron.

Curiosa, notó cómo el caballero sobreactuaba sus acciones cuando se sabía observado. Eso siempre la mantenía aún más atenta a sus movimientos, a sabiendas de que aquello era causado por su presencia.

Todo iba en cámara lenta, incluso el aire agitaba muy lentamente su cabello; fue cuando supo que algo primordial había cambiado, que aquel camino errante volvía a reclamar su presencia, que nunca más volvería a verlo con ojos enamorados ni a besar sus labios o su cuerpo con arrebatada pasión. Supo que el amor se había agotado y que un nuevo horizonte la esperaba.

Cuando se enteró de todo aquello quiso salir corriendo, volar sobre el mar cual ráfaga de viento hecha mujer, hacer de cuenta que lo que ocurría no era tan importante y nunca volver sobre sus pasos… entonces él se acercó a las sombras y le ofreció su mano, provocándole un sobresalto. Sus ojos brillantes y lejanos hacían preguntas silenciosas, ella sólo pudo contestar con una sonrisa a medias mientras se ponía de pie. Lo miró fijamente antes de pedirle lo inevitable.

- Tenemos que hablar…

Y aquello pareció un golpe de realidad, provocando un cambio brusco y escalofriante en la mirada de aquel hombre, haciéndolo temblar casi imperceptiblemente, llenándola de una horrible culpa.

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Hay cosas que son inevitables, incluso cuando una sabe que puede detenerlas, pero comprende que sería totalmente idiota hacerlo.

No es sencillo ser quien dé la última palabra en una relación, a quien se le acabe el amor precipitadamente, quien tenga que explicar por qué carajo todo se fue a la basura (pero si todo marchaba tan bien…). Lo más complejo de todo eso es ver cómo esa “chispa” agoniza, y saber que por más que me esfuerce y aferre a la esperanza, lo que se perdió en el camino nunca se recuperará, y que las composturas al corazón cada vez son más dolorosas.

Del diario de mis días.

En noches como ésta dan ganas de cobijarse con el cuerpo del ser amado, entre velas cuyas llamas dancen incesantes y el humo del incienso elimine todo olor

externo y nos sumerja en un abismo de paz.

En noches como ésta desearía haber aprendido muchas canciones en la guitarra, e interpretarlas aún sin luz mientras el particular aroma de mi instrumento me remonta a viejos tiempos de ensoñación, de bellas tardes de inocencia en tu habitación.

En noches como ésta me encantaría ser poeta y decir sin muchas complicaciones que aunque me han hecho daño desearía volver a ver aquellos rostros que también me hicieron reír, a estrechar entre mis brazos el tibio y vulnerable cuerpo de un hombre que sin saberlo me impulsó a ser como soy, a amarlo como lo amé, a adorarlo como lo adoré, a soñarlo, a desearlo, a desgarrarme por él.

Porque en noches como ésta me doy cuenta de que ya no lo amo, que hay alguien cuya presencia me hipnotiza y me ha devuelto la confianza y la alegría, aunque al final siempre me quedará la añoranza y el anhelo de saberme parte de su rutina, de sus deseos, de su lujuria.

Yo sé que ella te ama, y que hay muchas más que lo darían todo por estar en su lugar; pero estoy segura de que ni ella ni nadie te ha amado o te amará como yo lo hice, que nadie te pertenecerá como esta mujer a la que orillas al olvido. Que nadie ha derramado tantas lágrimas por ti ni ha sido tan feliz a tu lado.

Podrás entregarte a quien quieras y de la forma que más te plazca, pero ninguna sabrá lo que es ser tu amante, tu cómplice y tu amada, ni encontrará en tus ojos la respuesta que buscaba.

Pero tampoco habrá nadie que tenga la obligación de olvidarte para empezar de nuevo, porque si me aferrara a tu recuerdo y a la nula esperanza de un “quizás”, todo lo que levantaste de las cenizas se iría a la nada, y este cuerpo, mi alma y mis entrañas no podrían volver a amar.