
And I know you'll never return to this place

And I know you'll never return to this place
El tiempo parecía no transitar mientras él hablaba y dirigía a su tripulación. Ella lo miraba ir y venir entre la gente, sobresaliendo siempre por su vigor. El calor arreciaba y por ello la joven se refugiaba al lado de la escalera, sentada sobre un barril que probablemente contenía ron.
Curiosa, notó cómo el caballero sobreactuaba sus acciones cuando se sabía observado. Eso siempre la mantenía aún más atenta a sus movimientos, a sabiendas de que aquello era causado por su presencia.
Todo iba en cámara lenta, incluso el aire agitaba muy lentamente su cabello; fue cuando supo que algo primordial había cambiado, que aquel camino errante volvía a reclamar su presencia, que nunca más volvería a verlo con ojos enamorados ni a besar sus labios o su cuerpo con arrebatada pasión. Supo que el amor se había agotado y que un nuevo horizonte la esperaba.
Cuando se enteró de todo aquello quiso salir corriendo, volar sobre el mar cual ráfaga de viento hecha mujer, hacer de cuenta que lo que ocurría no era tan importante y nunca volver sobre sus pasos… entonces él se acercó a las sombras y le ofreció su mano, provocándole un sobresalto. Sus ojos brillantes y lejanos hacían preguntas silenciosas, ella sólo pudo contestar con una sonrisa a medias mientras se ponía de pie. Lo miró fijamente antes de pedirle lo inevitable.
- Tenemos que hablar…
Y aquello pareció un golpe de realidad, provocando un cambio brusco y escalofriante en la mirada de aquel hombre, haciéndolo temblar casi imperceptiblemente, llenándola de una horrible culpa.
---------------------------------------------------------------
Hay cosas que son inevitables, incluso cuando una sabe que puede detenerlas, pero comprende que sería totalmente idiota hacerlo.
No es sencillo ser quien dé la última palabra en una relación, a quien se le acabe el amor precipitadamente, quien tenga que explicar por qué carajo todo se fue a la basura (pero si todo marchaba tan bien…). Lo más complejo de todo eso es ver cómo esa “chispa” agoniza, y saber que por más que me esfuerce y aferre a la esperanza, lo que se perdió en el camino nunca se recuperará, y que las composturas al corazón cada vez son más dolorosas.
En noches como ésta dan ganas de cobijarse con el cuerpo del ser amado, entre velas cuyas llamas dancen incesantes y el humo del incienso elimine todo olor
externo y nos sumerja en un abismo de paz.
En noches como ésta desearía haber aprendido muchas canciones en la guitarra, e interpretarlas aún sin luz mientras el particular aroma de mi instrumento me remonta a viejos tiempos de ensoñación, de bellas tardes de inocencia en tu habitación.
En noches como ésta me encantaría ser poeta y decir sin muchas complicaciones que aunque me han hecho daño desearía volver a ver aquellos rostros que también me hicieron reír, a estrechar entre mis brazos el tibio y vulnerable cuerpo de un hombre que sin saberlo me impulsó a ser como soy, a amarlo como lo amé, a adorarlo como lo adoré, a soñarlo, a desearlo, a desgarrarme por él.
Porque en noches como ésta me doy cuenta de que ya no lo amo, que hay alguien cuya presencia me hipnotiza y me ha devuelto la confianza y la alegría, aunque al final siempre me quedará la añoranza y el anhelo de saberme parte de su rutina, de sus deseos, de su lujuria.
Yo sé que ella te ama, y que hay muchas más que lo darían todo por estar en su lugar; pero estoy segura de que ni ella ni nadie te ha amado o te amará como yo lo hice, que nadie te pertenecerá como esta mujer a la que orillas al olvido. Que nadie ha derramado tantas lágrimas por ti ni ha sido tan feliz a tu lado.
Podrás entregarte a quien quieras y de la forma que más te plazca, pero ninguna sabrá lo que es ser tu amante, tu cómplice y tu amada, ni encontrará en tus ojos la respuesta que buscaba.
Pero tampoco habrá nadie que tenga la obligación de olvidarte para empezar de nuevo, porque si me aferrara a tu recuerdo y a la nula esperanza de un “quizás”, todo lo que levantaste de las cenizas se iría a la nada, y este cuerpo, mi alma y mis entrañas no podrían volver a amar.

No importa cuánto penetrara tu cuerpo, jamás notaste que mi alma deseaba entrar también. Tu piel tan fría, tu mirada tan distante, las manecillas se congelaban sin sentido y mi abismo se expandía cada vez más. ¿Qué razón me impulsó a amarte de tal manera? ¿Cómo es que todo se fue a la mierda si decías quererme igual? Quizá no era suficiente el todo que te entregaba, quizá soñé demasiado y fuiste tú quien se equivocó de hombre al que engañar.
No sé si fue tu cadera, tu olor o el daño que me hacía el veneno de tus caricias. No sé si era el pago merecido por un buen por venir. No sé y no me interesa el por qué me heriste tanto, lo que deseo es perdonarte para que ya no me duelas más, para que al verte deje de escuchar los ecos del caos que causaste en mi interior.
Muero por encontrar la forma de ignorar esos meses que entregué a ciegas, por que todo el alcohol que hay en mi cuerpo destruya la imagen perfecta que aún tengo de ti. Por perderme en los brazos sinceros de esta mujer que tanto me ama, por creer una vez más que eres buena y no quisiste que mis lágrimas brotaran… Pero es tu arrogante sonrisa la que no me deja olvidar.
No se trata de lo mucho que pienso en ti al amanecer, ni de las horas que dedico a nombrarte de distintas formas para no declarar abiertamente que es por ti que me mantengo en vela. No es que mi piel no se canse de extrañarte y mis ojos se empapen de nostalgias cuando te miro. No, no se trata sólo de eso.
Hay algo más profundo que las madrugadas perdidas, que el deseo lacerante y las palabras escondidas. Hay algo más allá de todo lo que somos, de las cosas que al parecer nos representan, de los recuerdos, las maldiciones y la costumbre.
¿Qué será eso que a ver no alcanzo?
Quizá no deba darle importancia, como a esta sensación de hundirme en un mar inmenso, sin retorno a tierra firme, y con la certeza abrumadora de que no terminaré ahogándome.
De esta fecha en específico tengo vagos recuerdos de cosas importantes.
Está por ejemplo el juego del Amigo secreto que organizó la profesora de sexto grado en la primaria, y que dio como resultado una quebradera de cabeza por tratar de adivinar quién era ese anónimo compañero que nos dejaba notas y dulces al término de las clases. Luego está, por supuesto, la reunión que hubo en mi casa donde comí chocolates y una gelatina deliciosa en forma de corazón, cortesía de mi novio en turno, acompañada por un gran amigo y su novia (lo que ocurrió mas tarde no lo recuerdo).
Inmediatamente después viene a mí la canasta con globos y besos plateados que llegó a Honorato de Balzac en Zapopan, una verdadera sorpresa ya que no llevaba con ese otro chico ni un mes ...
Realmente nunca me ha gustado ver al 14 de febrero como un día para celebrar, un tanto por apatía con las cursilerías dignas de los enamorados, y otro tanto porque no me identifico con la fecha.
Hace unas noches, trataba de descubrir con un viejo conocido el por qué no me es sencillo expresarme románticamente, y concluimos que todo se debe básicamente a un bloqueo, a que llego a sentirme absurda cuando la ternura y las palabras dulces comienzan a brotar.
No es que el amor me parezca una cosa desagradable, o que la ternura no me sea algo natural, simplemente no soy del tipo que hace cartas de amor con corazones, ni sé cómo organizar una cena romántica o un paseo inolvidable. Es decir, incluso en año nuevo uso ropa interior roja por la creencia de que eso atraerá al amor a partir del siguiente amanecer, en mi haber existen más pensamientos que clamen por cariño que otra cosa, pero no logro entender a aquellos que por quedar bien, organizan cosas imposibles en una fecha que algunas veces puede compararse con la navidad por el consumismo que provoca.
Soy como un Grinch del día de San Valentín (vaya historia trágica la suya, ahí se la lleva con Romeo y Julieta), quizá porque lo mío es más pasional que amoroso, y eso no lo celebramos.
¿Qué hay de la emoción y el nerviosismo del primer encuentro carnal? Casi tan desastroso como el primer beso, pero sin duda más memorable, y ese sí que nos deja con la sensación, casi de obligación, de mejorarlo muchísimo para la siguiente cita.
La penetración de la carne en la carne; el roce de la mano en la mejilla; el veneno y la cura, el don maldito de amar … No es que no anhele con todo mi ser festejar lo que me mantiene con vida, es que me parece que necesita una resignificación, así quizá tendría más sentido recibir un regalo en esta o cualquier otra fecha, siempre que sea de corazón, aunque no conozcamos de quién proviene el sentimiento.

Esto ... ¿Feliz día de San Valentín?
Ella se marcha, aún no sabe qué día pero se irá esta semana.
La mayoría de nosotros, ante la noticia, reaccionó de la forma esperada: con una rotunda negativa. Yo prometí no detenerla ni con mis argumentos, y no lo he hecho. Eso pareció sorprenderla aún más, pues en vez de desmotivarla le ayudo a empacar y a redactar las reglamentarias cartas de despedida a su familia.
A ella la conozco desde hace catorce años, cuando el mundo eran sólo caricaturas, vacaciones demasiado cortas y días larguísimos. Cuando a ninguna le había crecido la cadera y no sabíamos lo que era un novio. Tiempos raros y confusos, bromas, alegrías y tristezas. Toda una puñetera vida a su lado.
Ella se va y yo me quedo con las cosas que no puede llevarse (para mandárselas vía Estafeta en cuanto tenga domicilio fijo). Se muere de miedo aunque está emocionada, mientras yo me debato entre la tristeza y las ganas de irme con ella.
Las cosas ya eran bastantes confusas en mi mente antes de saber sobre la fuga …
Hace unos días tuve un sueño horrendo en el que veía a mi ex tremendamente golpeado, pero andando como si nada e hinchándose su rostro conforme avanzaba. Perturbador, dado que la despedida fue un poco dramática.
No sé si la forma en la que estoy actuando sea la adecuada; no sé si deba alejarme de él o seguir a su lado cual si todo fuera lo mismo. No sé si debiera ser la primera en decirle a ella que no se vaya, pero sé que si me mantuviera a “raya” estaría más ansiosa, y de actuar indiferente sí que me arrepentiría.
Perdí una pareja (linda en realidad), me alejo de una gran amiga (la más extraña y cercana que he tenido), pero gano experiencias que contar cuando sea mayor, unas orejeras y unos pantalones que ella abandona porque le quedan grandes; conservo un muñeco en forma de cebra rosa, un ángel al cuello y unas semillas que fungen como juguete, cientos de besos dulcísimos y varias noches en vela. Vagos recuerdos de una adolescencia compartida con una chica genial y lejana; memorias frescas de un amor que fue intenso y duró poco.
He ganado un amigo que antes no hice por distracción, y pierdo la cercanía de un hombro en el cual llorar, una risa que no escucharé tan pronto y la plática amena de alguien que estuvo a mi lado hasta en los momentos más crudos, quien ahora traza su propia aventura guiada por una decisión precipitada, sueños de libertad y un amor que le ha hecho daño, pero que le abre la puerta a la posibilidad de luchar por ella misma.
En su lugar yo haría lo mismo, así que pienso soportar lo que venga por ser su cómplice y aliada, deseándole la mejor de las fortunas y anhelando que el sacrificio merezca la pena.
Entro y salgo de su vida como si no valiera nada, voy y vengo de la tuya huyendo de mis fantasmas. Estúpido miedo que me ata las manos, que me absorbe, me mata, me niega aquello que tanto quiero y me hace volver siempre al mismo sitio.
Quizá sólo tenga que hacer las preguntas correctas … ¿responderás lo que yo deseo escuchar? Me intriga.
Caigo nuevamente y me pierdo en el silencio de mis sábanas, solas y vacías sin tu cuerpo.
Una llamada lacerante, tus ojos que atraviesan mi mirada, lo amargo de tu ser en mis entrañas, y esta sed que no termina, que me acaba, me enloquece, me levanta.

Estoy muriendo de amor, y está bien.