La respuesta es simple
Érase una vez...
Todo comenzó con una simple pregunta que aún sigue en el aire. ¿Será que no hay respuesta para este corazón sangrante?He de encontrarte, lo sé, en cada cara conocida, en cada paso de mi vida, en cada palpitar de mi agonía, la misma que provoca tu ausencia prolongada y después, tu aparición repentina.
No sé que pretendo al escribirte ahora; quisiera que supieras que en mi zozobra tuve la certeza de que no existías, de que si iba a tu casa sólo encontraría escombros, vacío. Estaba convencida de que todo lo que vivimos fue sólo un cuento, y temía despertar un día en un acolchado cuarto de manicomio, atada de pies y manos para no arañarme la cara.
¿Por qué me cuesta tanto olvidarte? Es como una maldición, un error que estoy condenada a repetir hasta que me muera (y quizá más allá). Estoy pagando los pecados de mi alma reencarnada, tal vez porque fui muy mezquina, o porque en otra vida juré jamás amar a nadie, y ahora, pago esta obsesión con mi alma.
Ahora mismo me desvelo pensando en tí, empeñada en desahogar lo que despertaste a tu último llamado, y empeñándome a la vez en no volver a lo de antes.
Yo no
Yo no te prometí que el lugar que ocupaste iba a estar siempre vacío, menos aún si tú no me buscabas.
Yo no te dije que tus defectos o tus vicios no me importaban. Te di una segunda oportunidad y la desaprovechaste.
Yo no te juré que lo nuestro iba a durar para siempre. Igual que tú, hice la promesa de que mientras durara te daría todo de mí, y tenía la esperanza de que durara muchos años.
Yo no me alejé de tí pidiendo que guardaras con recelo el sitio que ocupé en tu vida. Estoy viviendo el presente y tomando las opciones que la vida me ha dado, tal como tú me enseñaste.
No me obligues a decir que eres igual al resto, en el fondo yo sé que no es cierto.
No me orilles a arrepentirme de haberte amado dos veces y perdido, hasta ahora, puedo hablar muy bien de lo que diste.
Si tú así lo decides puedo ser la bruja de tu historia, y no te engañes, a pesar de todo sigo siendo humana.
Quejas y sugerencias
Pienso en tí, y me da la impresión de que eres sueño, de que jamás podré alcanzarte, de que en realidad no existes más que en el cursi rincón de mis anhelos.
A veces me da por dejar de buscarte, por pedir a gritos no volver a enamorarme, por no sentir de nuevo la punzante calamidad de lo incierto, de la añoranza, del terrible sollozo que se convierte en aguacero, del poema que empieza con Esperanza, y termina en Desconsuelo.
Cuando creo que al fin me he librado de tí, o que tú de mí ya no te acuerdas, vuelves a golpearme con ese cálido puño que entorpece los sentidos; me cambias el panorama de impávido desierto a mar enfurecido, me enloqueces, me diriges al abismo y yo salto cual suicida, para percatarme antes de estrellarme que me arrojé sin paracaídas.
¿Por qué no llegas cuando me encuentro en calma? Siempre has de empujar la puerta cuando estoy a punto de cerrarla.
Viceversa
Tengo miedo de vertenecesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Mario Benedetti
¡SOBREVIVÍ!

Obsesión

A tu vuelta
Adicto

¡Caí en su trampa nuevamente! Ignoré el juramento de no volver a verla, de despreciar su llanto o sus malditos juegos y volverme sordo ante sus ruegos... pero mi voluntad se hizo añicos al sentir su cuerpo. Es como si mi vida dependiera de ella.
Sé que me hace daño, que disfruta morbosamente verme en el suelo lamiendo sus pies, pidiéndole que no me deje aunque la culpa me abofetee luego, cuando me absorbe la ansiedad de poseerla otra vez... Qué irónico pensamiento, si es ella quien siempre me ha poseído.
Hay días en que amanezco atado a su cama o esposado al fregadero de la cocina, solo, desnudo y sin puta idea de cómo llegué ahí. Esos instantes me hacen maldecir la noche en que la conocí, ¿por qué teníamos que estar precisamente en el mismo bar?, ¿por qué me enamoré de su sonrisa y le pedí volver a verla?, ¿por qué permití que me enredara en sus mentiras, en su actuación de niña frágil y desprotegida? Simple y llana soledad...
A veces, montada en mí, suspira que me ama mientras me vuelve loco con sus movimientos frenéticos. Y yo le creo, y me muero de amor y de alegría al escucharla, aunque sé que no hay amor en su mirada, en sus tacones de aguja clavándose en mi carne, ni en su látigo de cuero lacerando mi piel. Sé que ni siquiera yo la amo, que lo que tengo es una fijación por lo obsceno de su ser, una adicción incurable por el lado más sádico y perverso de su mente, y a la vez, sé que ella es adicta a mi sumisión, al papel de víctima que represento en su teatro. Sé que me necesita tanto como yo a ella, pero nada bueno nos espera si continuamos así.
Sé también que algún día se le pasará la mano, y quizá me ahogue mientras apriete mi garganta con su mascada de seda, o mi corazón se detenga durante el acto, o tal vez se le ocurra dispararme y dejar que me desangre mientras me masturba. A estas alturas nada me sorprendería, y eso me asusta y me excita en demasía.
Esta noche no me ha dejado verla, y me tortura el insomnio con imágenes prohibidas de su cuerpo, con escenas de las cosas que hemos hecho, con fantasías en las cuales soy yo quien la domina, rompiendo el círculo vicioso en el que estamos inmersos.
He decidido salir, pues dormir se me ha vuelto imposible. Inconscientemente caminé hacia su casa, pero antes de llegar me detuve en seco; entre las sombras de la noche creí verla, envuelta en besos y caricias de otro amante, alguien sin rostro que la tocaba como yo deseaba hacerlo, pero al acercarme noté que era una pareja a la que no conocía, y estuve tan cerca de armar una escena de celos frente a esas personas... Me siento como un idiota.
Mis pies me llevaron, nuevamente sin pensarlo, a la barra gris de una cantina. A mi lado sólo está media botella de tequila y frente a mí, el cantinero grasoso que apenas nota mi presencia. Yo sé que estoy jodido, que emborracharme sólo es otra manera de auto compadecerme, fingiendo con ésto curar mi otro vicio, y mientras lo pienso apuro las últimas gotas de alcohol que raspan mi garganta, como si con ello pudiera detener la hemorragia de su desprecio.
Todo alrededor se ve borroso, ya no distingo el valor de los sonidos; me he vuelto de barro, pesado, grasiento y sin sentido. Mis manos no son mías, estoy mortalmente sediento y desvarío, pero antes de perderme entre las sombras alcanzo a distinguir un pensamiento, y en mi cabeza se dibuja la figura que ilumina mi cerebro.
Es ella, susurro, mientras trato de alcanzar algo que nunca ha sido mío.
Elena
Era el quinto día en que su asiento permanecía solitario, y él no podía evitar mirarlo con la esperanza de que al voltear, ella aparecería como por arte de magia. Pero en todas las ocasiones eso nunca ocurrió, así que decidió buscarla y acabar con sus dudas.Principio de ruina (o de qué pasó conmigo)
No tengo absolutamente nada interesante que decir. No me queman las dudas, no estoy sufriendo por amor (falta o exceso de), no padezco de insomnio ni tengo ganas de escribir todas las cursilerías que me vienen a la mente. La inspiración ha abandonado mi cabeza (mi corazón, mi alma, o cualquier sitio donde ella se instale) por lo menos para escribir, por lo tanto decidí subir este dibujo... al menos en esto no ha huído de mí.
Ceguera
Tómalo más bien como la petición de una amiga, un consejo que pretende no atorarse en tus oídos y cimbrar tu corazón. Es que la razón no es lo que me mueve, sino la certeza de que te estás haciendo daño, y por lo tanto me hiere a mí.
Yo sé que te consumes por el rabillo del ojo, que se destila por tus poros la joven ansiedad por tu futuro. Sé que el pulso te tiembla cuando más seguro estás de lo que haces, y que las alas de cera que tan celoso guardas, desatarán huracanes si alguien trata de tocarte.
Sé que las peores cicatrices son las que no me presumes, cuyas historias finges te enorgullecen y relatas cual si de mitos se tratasen.
No hay verdad en tus palabras; yo te he visto vulnerable y aterrado entre mis brazos. Te he observado desde lo alto tratando de no enredarme entre tus redes, pero ahora me evaporo con tu sangre, dispuesta a entregarme a tu viciosa mentira y también cegarme.
Quizá, al clímax de nuestras vidas, sólo quede el brillo de la rosa que adorna mi falange.
Después (Crónica de un matrimonio fallido)
Suspiro. Me siento patético recargado en el quicio de la puerta poniéndome melancólico, disfrazado de hombre soltero en un viernes por la noche. Contra toda lógica, me dejé convencer por mis compañeros de ir a un bar y salir de mi absurda abstinencia, pero apenas un tequila y una chica en minifalda con ebria sonrisa me bastaron para desistir. Aún no estoy listo.
Regresé a tu manto, oscuridad, vencido por la desconfianza y más desanimado que nunca, con la líbido destrozada y la vergüenza de mirarme desnudo ante el espejo del baño. No es que me desagrade la imagen que reflejo, es que siento pena por este cuerpo a que le niego el abrigo de una piel femenina.
Ya casi se cumple un año y yo sigo extrañando sus caricias, sus besos dulzones, el jabón con el que se bañaba... ¡Carajo! Si a veces hasta extraño las malditas peleas que cada día eran más frecuentes, ¿cómo no extrañar sus gemidos cuando hacíamos el amor?
La cama es una playa de arena pegajosa demasiado alejada del mar. La cabeza me da vueltas de tanto que me muevo en ella buscando mi lugar. Las sábanas me estorban y en vez de frío siento ese calor seco y asfixiante que no me deja dormir. Todos los días me pregunto cuánto tiempo me falta para acostumbrarme a ésto, cuántas noches más habrán de calmar mis manos las ansias de mi sexo, que llevaba un ritmo ya determinado de íntimo contacto con aquella mujer.
Si me lo preguntan, no fue la carencia de afecto lo que nos orilló al divorcio, sino la falta de entusiasmo hacia nuestra relación. A pesar de que cientos de cosas nos unían, no hubo motivos suficientes para prolongar mi permanencia a su lado. La única chispa que soltábamos quemaba el colchón, y según he comprobado, eso no es igual a salvación.
Lo que se perdió aquel día, aunque estuvo disfrazado de un tratado cortés, jamás he de poder recuperarlo. Extraño a mis hijos, cual si me hubieran robado un trozo de corazón. La extraño a ella, y aún no me hago a la idea de que "nosotros" nunca volverá a ser. Pero sobre todas las cosas extraño mi papel de hombre de familia, de padre de tiempo completo y esposo protector. Ahora sólo soy un eslabón más de lo disfuncional de este país, el ejemplo claro del sueño roto de un final feliz.
Estoy fumando de nuevo, sé que a ella le molesta.