Sólo para mí

El tren siempre pasa por las mismas cicatrices del terreno, y ahora, silba más fuerte que nunca, como en un grito sin voz que reclama tu presencia, o en un mensaje final de dolorosa despedida. Tal vez ahora ya no lo escuchas, no lo sé.

Confieso que es un alivio saber que ya no te encontraré caminando por las mismas calles; has cerrado correctamente un ciclo que parecía interminable. Tu recuerdo apenas y me alcanza en días nublados como este, donde de pronto aparecieron nuestras últimas palabras; casi puedo decir que me alegró leerlas, o por lo menos, que me ayudaron a comprender que no nos debemos nada, que hemos quedado libres el uno del otro. Ignoro si eso significa algo para ti, pero para mí equivale a una revelación y un gran consuelo.

Si en algún momento te has vuelto a pasar por aquí, seguramente pensaste que no es muy sensato que conserve Hope Leaves o la “J”, y sólo te diré que decidí ignorarte porque son parte de mí tanto como lo son cada palabra publicada. No me imagino siquiera lo que estarás haciendo ahora, o si en realidad quiero saberlo, pero me sorprendí deseando de corazón, alma y pensamiento, que la vida esté siendo muy grata contigo.

Al perderte, afortunadamente, no me he perdido yo, es sólo que me ha costado reconstruir lo que quedó en escombros. No fuiste tú la causa de la “Gran demolición”, pero tu ausencia ha sido, sin ofenderte, una enorme bendición. Tal vez sea cierto y ya jamás vuelva a verte, lo único de lo que estoy segura es que he roto mi promesa, y las palabras que adornen tu último lugar en el mundo, ya no seré yo quien las escriba.

Fugarse de noche

Un día volaré lejos, ¡lejos!, muy lejos de aquí.
Lejos de mi país, de mi planeta, de mi cuerpo y de mi espíritu quizá.
Despertaré en el regazo de una estrella, convertida en polvo galáctico, en espora universal.
Seré visible sólo para los telescopios, manejados por mirones indecentes que no creen en la estelar privacidad.
Venceré mi miedo al espacio, a la noche eterna y a sentirme diminuta ante la inmensidad.
Podría convertirme en cometa, y adornar con mi estela mi viaje sideral; o ser menos vanidosa e impactar cual meteorito en un cráter lunar. 
Estoy segura de que sería un gran hoyo negro, que insaciable devoraría cada sueño atesorado en el manto universal.
Podría hacer explosión en las entrañas de la Tierra, bombardearla fugazmente o invertir su gravedad.
Sé que podría hacer muchas cosas, si tan sólo volara lejos de este lugar... 

Ausente, aunque no quiera.

En mi afán de ser siempre tuya, me libré incluso de mis propios deseos, esos irrefrenables anhelos que no me dejaban dormir por las noches. Me negué a mi misma como si fuera obra de un satán descontrolado, blasfemo y terriblemente ingrato. ¿Cómo suponer que algún día ya no sería de tu agrado? 

Recuerdo mis interminables luchas internas por no actuar sólo para complacerte, por conservar la poca autonomía que me había dejado tu herencia (que aún no sé si maldecir o venerar); recuerdo que miraba con lástima y hasta recelo a aquellos que cumplían en la escuela para recibir una mirada de aprobación de tus iguales. Siempre creí que si me esforzaba exclusivamente para mí, no tendría que rendirle cuentas a nadie, que era libre y que esa libertad me hacía diferente. Nunca me di cuenta de que mis alas te pertenecían de una manera más perversa, y peor aún, que yo te las había entregado alegremente bajo la premisa del amor y la aceptación incondicional.

Desde el primer día de este año en curso, incluso antes de la noticia de mi medio hermano muerto, algo me decía que sería un ciclo de cambios y de revelaciones. Nada más revelador para mí que el conocimiento de ese lazo enfermo que nos tiene atadas desde hace tanto tiempo. Yo tomé un papel que no me correspondía en lo absoluto, la actitud de quien niega su edad y su género para convertirse en el suplente de alguien que no es suplantable. Tú optaste por tenerme cerca de tí por capricho o tal vez por soledad; tu incipiente capacidad de involucrarte con otros nos orilló a relacionarnos de una manera incorrecta, dañina e incluso violenta (al menos para mí, porque me encontraba en desventaja).

A pesar de todo, pienso que no tiene caso culpar a nadie, pues también tú fuiste víctima de las circunstancias, e imagino que tus opciones se redujeron a aferrarte a la única persona que tenías cerca, alguien que podías manejar a tu antojo y que igual que yo, pensaste que esa relación funcionaría perfectamente hasta el fin de los tiempos. Fue muy estúpido creer que nuestra dinámica era la adecuada, que el denominarnos "amigas" no significaba estar negando lo que en realidad somos.

Hasta hoy las cosas siguen bastante rotas, y aunque guardo la esperanza tonta de que nos adaptemos en lugar de fingir que todo sigue igual, estoy decidida a no ceder ante los recuerdos y el sentimentalismo que a veces me invade. A final de cuentas has sido la primer persona a la que he amado, aunque tal vez no fue la decisión más acertada.

Lazos de sangre

La fatalidad siempre llega de un modo inesperado. El día en sí no es importante, pues la muerte tiene la maña de hacer acto de presencia cuando le da la gana, sin aviso, sin siquiera una mínima advertencia.

Yo no lo conocí, apenas sé de su existencia por una suerte de chismes y susurros. Ni siquiera sé cómo diablos se escribe su nombre, así que podría decir que él es uno de los múltiples rompecabezas que he armado en mi mente sobre alguna persona. Lo único que tengo muy claro sobre su vida es aquello que nos une, y que irónicamente es la misma razón que nos separa.

En este momento, nuestro padre se encuentra en la terrible situación de tener que reconocer su cuerpo en el ministerio público, y por si fuera poco, lidiar con la noticia de que su primer hijo se ha suicidado. Desgraciadamente, ellos no se hablaban desde hacía varios años, y ante todo, siento una gran preocupación por mi padre, quien en este momento tampoco me dirige la palabra.

He batallado todo el día con cientos de pensamientos que no van a ningún lado, y me inunda una pena enorme por aquel hombre del que no conozco ni su rostro, pero que por alguna razón forma parte de mi vida. Muchas veces traté de imaginarlo, e incluso podía sentir cómo si él también pensara en mí, y creé una historia alrededor de su persona de la que ni siquiera fui espectadora.

Me hubiera gustado decirle que comprendía su situación, que yo también era la hermana mayor de una familia de tres y que sabía perfectamente lo duro que era tratar a nuestro padre, y confesarle que él lo extrañaba muchísimo, aunque por orgullo o temor al rechazo no se atrevía a buscarlo. Me hubiera gustado decirle que yo también pensé en el suicidio, y tratar de ayudarlo para que no se hiciera daño. A él más que a nadie me hubiera gustado conocer.

Siento que no tengo derecho a lamentar su muerte, que si me presentara a su funeral sus amigos y su familia me mirarían con desprecio, como si mis lágrimas fueran hipócritas y no fuera digna de acercarme a él, aún en este momento, cuando él no puede ni dirigirme una mirada.

Siento como si una parte de mí se hubiera muerto con él, y no puedo evitar pensar en qué tan triste o solo se ha de haber sentido como para quitarse la vida. ¿Habría hecho alguna diferencia si me hubiera aparecido en su camino? ¿Pensó alguna vez en mi existencia? Es asfixiante tener tantas preguntas que no tendrán respuesta, pero lo que más me atemoriza es pensar cómo serán las cosas después de su partida.

14 de diciembre

En un día como hoy, pero de:

... 1476, en su castillo de Transilvania (actual Rumania), fallece el conde Vlad Draculea, apodado "El empalador".

... 1503, nace el astrólogo francés Michel de Nostradamus.
... 1788, mueren Carlos III de España, representante del despotismo ilustrado español y el compositor Carl Philipp Emmanuel Bach, hijo de Johann Sebastian Bach.
... 1799, muere George Washington, primer presidente de los EE.UU.
... 1853, nace en Veracruz el poeta Salvador Díaz Mirón.
... 1903, en Kitty Hawk (Carolina del Norte), los hermanos Wright realizan el primer vuelo de prueba de su primer avión (el Wright Flyer).
... 1911, el explorador noruego Roald Amundsen llega -por primera vez en la historia- al Polo Sur.
... 1939, La Liga de Las Naciones expulsa a la Unión Soviética.
... 1943, muere el psicólogo estadounidense John Harvey Kellogg, impulsor de los alimentos saludables, especialmente del desayuno con cereales (supongo que gracias a él pude desayunar algo en la secundaria y la preparatoria).
... 1949, nace Cliff Williams, bajista de AC/DC.
... 1950, fallece en Londres el dramaturgo irlandes George Bernard Shaw.
... 1955, 15 países ingresan en la ONU, entre ellos España.
... 1962, la sonda estadounidense “Mariner II” se acerca a 33.000 kilómetros de Venus.
... 1978, muere Salvador de Madariaga, ensayista, historiador y diplomático español.
... 1984, muere Vicente Aleixandre, poeta español que obtuvo el Premio Nóbel de Literatura en 1977.

... 1988, en el Estado de México, nací yo :D

¡FELIZ CUMPLEAÑOS A MÍ!


La respuesta es simple

La boa sonrió maliciosa y dijo:

- Mujer, si en verdad quieres salvar a tu pequeño, tendrás que darme a cambio algo mucho más suculento que él.

La mujer, horrorizada, veía desfallecer a su hijito ante el abrazo fatal de la siseante glotona.

- ¿Qué se te apetece? - tartamudeó, con un ademán de servicio que la boa sintió como un insulto.

- Si no tienes ni un poco de imaginación, será mejor que te vayas despidiendo de este niño.

La madre, desesperada, salió corriendo en busca de algo que poder ofrecerle, pero los hermosos frutos que brindaba la selva no le parecían suficientes, quería algo más grande, algo que pudiera, de algún modo, suplantar a su pequeño.

Cuando estaba a punto de rendirse escuchó el suave lamento de una criatura, y al seguir aquel sonido, encontró entre la maleza a un cachorro perdido. Sin pensarlo, lo tomó entre sus brazos y corrió tan rápido como pudo para entregárselo a la boa, pero al llegar a su recinto descubrió con horror que ya había engullido al infante. Devastada, soltó al cachorro y se arrodilló llorando.

La boa, con el dulce sabor del pequeño en los labios, miró a la mujer y con desprecio le dijo:

- No fuiste capaz de sacrificarte por tu propio hijo, pero vienes a ofrecerme al bebé de otra madre. Si piensas que he sido muy mala, júzgate primero. ¿Qué acaso no era simple la respuesta?

Érase una vez...

Todo comenzó con una simple pregunta que aún sigue en el aire. ¿Será que no hay respuesta para este corazón sangrante?

He de encontrarte, lo sé, en cada cara conocida, en cada paso de mi vida, en cada palpitar de mi agonía, la misma que provoca tu ausencia prolongada y después, tu aparición repentina.

No sé que pretendo al escribirte ahora; quisiera que supieras que en mi zozobra tuve la certeza de que no existías, de que si iba a tu casa sólo encontraría escombros, vacío. Estaba convencida de que todo lo que vivimos fue sólo un cuento, y temía despertar un día en un acolchado cuarto de manicomio, atada de pies y manos para no arañarme la cara.

¿Por qué me cuesta tanto olvidarte? Es como una maldición, un error que estoy condenada a repetir hasta que me muera (y quizá más allá). Estoy pagando los pecados de mi alma reencarnada, tal vez porque fui muy mezquina, o porque en otra vida juré jamás amar a nadie, y ahora, pago esta obsesión con mi alma.

Ahora mismo me desvelo pensando en tí, empeñada en desahogar lo que despertaste a tu último llamado, y empeñándome a la vez en no volver a lo de antes.

Yo no

Yo no te dije que era un ángel, ni que había sido enviada para sacarte del agujero donde tan felizmente te estabas enterrando.
Yo no te prometí que el lugar que ocupaste iba a estar siempre vacío, menos aún si tú no me buscabas.
Yo no te dije que tus defectos o tus vicios no me importaban. Te di una segunda oportunidad y la desaprovechaste.
Yo no te juré que lo nuestro iba a durar para siempre. Igual que tú, hice la promesa de que mientras durara te daría todo de mí, y tenía la esperanza de que durara muchos años.
Yo no me alejé de tí pidiendo que guardaras con recelo el sitio que ocupé en tu vida. Estoy viviendo el presente y tomando las opciones que la vida me ha dado, tal como tú me enseñaste.
No me obligues a decir que eres igual al resto, en el fondo yo sé que no es cierto.
No me orilles a arrepentirme de haberte amado dos veces y perdido, hasta ahora, puedo hablar muy bien de lo que diste.
Si tú así lo decides puedo ser la bruja de tu historia, y no te engañes, a pesar de todo sigo siendo humana.


Por cierto, aunque borraste la entrada de tu blog, me llegó por correo. Lástima.

Quejas y sugerencias

Pienso en tí y tengo frío, porque me hace falta ese abrazo sanador que ahuyenta al gélido clamor de mis deseos.
Pienso en tí, y me da la impresión de que eres sueño, de que jamás podré alcanzarte, de que en realidad no existes más que en el cursi rincón de mis anhelos.
A veces me da por dejar de buscarte, por pedir a gritos no volver a enamorarme, por no sentir de nuevo la punzante calamidad de lo incierto, de la añoranza, del terrible sollozo que se convierte en aguacero, del poema que empieza con Esperanza, y termina en Desconsuelo.
Cuando creo que al fin me he librado de tí, o que tú de mí ya no te acuerdas, vuelves a golpearme con ese cálido puño que entorpece los sentidos; me cambias el panorama de impávido desierto a mar enfurecido, me enloqueces, me diriges al abismo y yo salto cual suicida, para percatarme antes de estrellarme que me arrojé sin paracaídas.

¿Por qué no llegas cuando me encuentro en calma? Siempre has de empujar la puerta cuando estoy a punto de cerrarla.


Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Mario Benedetti

¡SOBREVIVÍ!


El fuego llegó a mí inesperadamente. No hubo ni siquiera un mal presentimiento al despertar o una señal de aviso, ¡nada! Todo tenía pinta de que sería un día normal, incluso rutinario. No sé si fue el destino, pero nuevamente "alguien" me jugó una broma muy pesada; hace ya varios años tuve cáncer, me invadió como una plaga y milagrosamente desapareció de mi cuerpo. Ahora que lo pienso, tal vez era sólo el entrenamiento...

Es difícil describir con exactitud qué fue lo que sucedió esa tarde, incluso tengo borrados cientos de recuerdos de mi infancia que vuelven incompletos cuando platico con algún viejo amigo (como hace poco con mi amiguísima Amparo). De lo que sucedió conmigo me enteré muchas semanas después, cuando al fin recuperé la consciencia y más importante, cuando mi vida dejó de estar en peligro. Me enteré que apareció mi nombre en las noticias, por lo cual muchos de mis conocidos fueron a visitarme al hospital. Lamentablemente no recuerdo ni un sólo rostro; bien pudo haber ido el presidente a mirarme con morbo y yo ni enterado.

El infinito dolor que llegué a experimentar no puedo ni siquiera explicarlo con palabras, y no se lo deseo ni a mi peor enemigo. En mi espalda quedó la poca piel sobreviviente del incendio, por lo demás, el 80% de mi cuerpo estaba chamuscado, y para que se cubriera nuevamente tenían que tallarme con un cepillo de acero que eliminaba el tejido no deseado. Las enfermeras ejercieron el papel de verdugo diariamente durante mucho tiempo, hasta que, casi demente por el dolor, pedí que me anestesiaran para soportarlo. Contra todo diagnóstico médico me escucharon, pero el dolor dejó de ser un gran problema; drogado como estaba, comenzaba a alucinar espectros terroríficos que brotaban de las lámparas y amenazaban con enloquecerme por completo, así que volvimos a la vieja técnica del cepillo y la agonía.

Un par de veces traté de suicidarme, de la manera más sencilla dado mi estado: Desconectarme. Pero a los hospitales no les conviene perder a un paciente que ya ha sobrevivido, y las alarmas se activaban como gritando incesantes que un idiota más estaba a punto de firmar su sentencia de muerte. Mi padre, que estuvo conmigo todo el tiempo que pudo, me pedía que soportara, y que dejara de pedirle que me dejara morir, haciéndome reflexionar: "Si tu hija te pidiera lo mismo, ¿tú la matarías?"... obviamente la respuesta era la misma. Él murió antes de que yo saliera triunfante del hospital, y nunca dejaré de culparme por ello, pues sé que su corazón no resistió mi batalla.

Llevo ya 65 operaciones y me faltan 35 más (ya que la piel de un quemado sigue creciendo, si no quiero tener manos de pato tengo que visitar continuamente el quirófano). Sé que aún me falta mucho por luchar, por parecer lo más normal posible aunque las innumerables cicatrices no me permitan olvidar. Es extraño que esto me suceda a mí, parece casi ficción.
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Éste es más o menos el testimonio de Edmundo Abarca,
amigo de la infancia de mi madre y
uno de los sobrevivientes del accidente donde murió Mouriño.
A pesar de todo, no ha perdido su sentido del humor :)

Obsesión


Casi no duermo desde el día en que te conocí, y si duermo, sueño que te encuentro en un desierto, donde eres el oasis que hidrataría a mi seco corazón. Pero, despectivo y silencioso te alejas de mí, mientras el sol abrasador me convierte en un bulto más de arena dorada.

En la vigilia, recorren mi piel tus besos muertos y el escalofrío de tu cuerpo sobre mí, ahogándome, envenenándome, alimentándome, desquiciando mi mente con tus recuerdos, y vuelvo al manicomio de no saber de tí, de esta hambre insaciable que amenaza con destruir todo a su paso, de la necesidad enferma de tenerte, y la cobardía de no acercarme a tí.

En otras ocasiones soy más fuerte, me armo de valor y salgo a recoger los pedazos que fui dejando; casi no me acuerdo de lo que fuimos y en vez de pensar, camino sin descanso. Mi reflejo no me avergüenza y me siento viva, aún con el vacío que normalmente me atosiga. Es difícil fingir que todo va marchando cuando en mi interior no es así. Llevo meses usando la máscara de lo que todos creen que soy, provocando con ésto que el vacío sólo aumente.

He escrito montones de cartas que no termino jamás, que no te envío porque después de un tiempo esa angustia se va, porque llego a pensar que como siempre, hago tormentas en vasos de agua (más bien, en caballitos de tequila), y me siento parte de este mundo otra vez, aunque sea por un ratito.

La crisis esta vez ha durado más de lo esperado, y la pregunta de antaño sigue flotando en el aire:
¿Por qué tú?

A tu vuelta

Otra buena canción de Fernando Delgadillo que me parece perfecta para un día de tormenta ¡Disfruten! (o lloren, me da igual)
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Hasta la fecha siempre hubo un mañana
y qué es lo que hicimos de lo que serían
nuestros dolientes caminos
que esa tarde se dividían.
Hacía dónde anduvimos sin buscarnos
qué limpios fueron quedando los días
y el cielo inquieto y nocturno
los sueños que sorprendería.
Tú y yo tan lejos de aquellos amantes
que a su pesar van borrando los días,
que alguna vez se alejaron distantes
para olvidar lo que ya no serían.
Y hoy que me ha dado la suerte un camino te vuelvo a encontrar.
Te miento si digo no haber pensado
que era posible y que sucedería
y algo se mueve y recrea
esta eminente escena y nos la envía.
Y me recuerda el verte tantas cosas
que en algún sitio he dejado en suspenso
que solamente han estado esperando por este momento.
Que si un día fueron tuvieron sentido
para volver a enfrentarnos delante
dejando atrás al tiempo y sus abismos
con sus llamadas y sus visitantes.
Para el reencuentro que tengo hoy contigo y en este lugar.
Yo sé que siempre se sigue adelante
y que nos llenamos de otros nuevos días
y al eventual transcurrir de las tardes
un día vi el batir de las alas de ayer.
Más no partió tu recuerdo incesante
y aún me despierto al eco de tu risa
de vuelta a atrás donde a veces estás
pero qué hago con tanto que nunca se fue.
Si cada quien va jugando hoy su vida
con lo que cree de lo que le enseñaron
y andamos siempre tan definitivos
tan decididos a purificarnos.
Lo cierto es que hace unos meses me da por ponerme a esperar.
Si te lo cuento es porque estás volviendo
amaneciendo vendrás con los días
el tiempo pasa y porque no te tengo
es que sólo me ha quedado tu partida.
Ayer dejé de guardarte canciones
hoy te propongo ésta y me voy dejando
la puerta abierta para que a tu vuelta no dejes de entrar
... no dejes de entrar.