Después (Crónica de un matrimonio fallido)
Suspiro. Me siento patético recargado en el quicio de la puerta poniéndome melancólico, disfrazado de hombre soltero en un viernes por la noche. Contra toda lógica, me dejé convencer por mis compañeros de ir a un bar y salir de mi absurda abstinencia, pero apenas un tequila y una chica en minifalda con ebria sonrisa me bastaron para desistir. Aún no estoy listo.
Regresé a tu manto, oscuridad, vencido por la desconfianza y más desanimado que nunca, con la líbido destrozada y la vergüenza de mirarme desnudo ante el espejo del baño. No es que me desagrade la imagen que reflejo, es que siento pena por este cuerpo a que le niego el abrigo de una piel femenina.
Ya casi se cumple un año y yo sigo extrañando sus caricias, sus besos dulzones, el jabón con el que se bañaba... ¡Carajo! Si a veces hasta extraño las malditas peleas que cada día eran más frecuentes, ¿cómo no extrañar sus gemidos cuando hacíamos el amor?
La cama es una playa de arena pegajosa demasiado alejada del mar. La cabeza me da vueltas de tanto que me muevo en ella buscando mi lugar. Las sábanas me estorban y en vez de frío siento ese calor seco y asfixiante que no me deja dormir. Todos los días me pregunto cuánto tiempo me falta para acostumbrarme a ésto, cuántas noches más habrán de calmar mis manos las ansias de mi sexo, que llevaba un ritmo ya determinado de íntimo contacto con aquella mujer.
Si me lo preguntan, no fue la carencia de afecto lo que nos orilló al divorcio, sino la falta de entusiasmo hacia nuestra relación. A pesar de que cientos de cosas nos unían, no hubo motivos suficientes para prolongar mi permanencia a su lado. La única chispa que soltábamos quemaba el colchón, y según he comprobado, eso no es igual a salvación.
Lo que se perdió aquel día, aunque estuvo disfrazado de un tratado cortés, jamás he de poder recuperarlo. Extraño a mis hijos, cual si me hubieran robado un trozo de corazón. La extraño a ella, y aún no me hago a la idea de que "nosotros" nunca volverá a ser. Pero sobre todas las cosas extraño mi papel de hombre de familia, de padre de tiempo completo y esposo protector. Ahora sólo soy un eslabón más de lo disfuncional de este país, el ejemplo claro del sueño roto de un final feliz.
Estoy fumando de nuevo, sé que a ella le molesta.
Noche sin luciérnagas
Diciembre está llamando y ahora me dejo llevar.
Pues resulta que me voy y es por lo pronto
porque aquí acaba mi vuelo junto a ti,
porque no me verás más y
porque resulta preciso que sigamos separados.
Despedirnos es a un tiempo y con nosotros
un asunto indispensable como el que un día nos unió.
Despedir es devolver la libertad y es
retomarme y caminar sin ir a ti,
y es volver a dibujarnos cuando no está la otra parte
que nos hiciera estrellar.
"Si mi amor" me dices si algo te pregunto
pero tú no me amas ya de tiempo atrás,
lo callábamos pensando que el mundo seguía adelante
porque nunca me decidiría a soltar.
Mi vida, que sé que muy bien que puede que la vida
nunca más destelle igual,
pero en tanto habita el tiempo entre nosotros,
y estas horas que lo dicen todo encuentran su lugar,
buscaré un silencio largo más allá de donde el viento
que hoy me lleva, determine la distancia.
Y recordaré las horas a tu lado,
como el sabor que he probado
nunca se llega a olvidar,
y cuando des más de mil mañanas nuevas,
y aún me ronde tu recuerdo algún presente me traerá,
la resignación y olvido de venturas y momentos
que pasado son y que ya no volverán más.
Y te llevaré conmigo y con mis pasos,
y con ello habré de aprender a vivir,
si bien sé que tú lo sabes ya que tanto lo hemos visto,
todo empieza con nosotros donde vamos.
Mi vida, que queriendo como bien te quise yo
quién se viene hoy a marchar.
Pero cierto es que decir "ya no te amo"
prolongó una despedida que emprendiste tiempo atrás,
y con ella me encamino en esta noche sin luciérnagas
que se abre con las llaves de tu nombre.
Pasado
"Era una relación pecaminosa. Pinche ángel caído. Era un pecado: acostarse con el pasado. Los que cogen con el pasado mueren, envejecen. Se enamoran de los ayeres y se quedan ahí para siempre, tiesos, congelados, sin poder volver."Crónica de un 26 de diciembre.
Al otro lado de la línea, la familiar voz de la mejor amiga de mi abuela (que murió hace algunos años) anunciaba que de común y corriente el día no tendría nada, pues su marido, compadre de mi abuelo (fallecido también), había muerto esa mañana en el hospital después de un mes de agonía. A comparación de la muerte de su hija, mi madrina, de quien escribí hace un año en este blog, la muerte de su esposo venía a ser de cierta forma un alivio, para su cansado cuerpo y para su desolada familia.
Esperamos toda la tarde, llegamos al panteón donde lo velaron a las 9:50 pm., su familia llegó a las 12:00 pm. pero su cuerpo les fue entregado hasta las 2:00 am., uniformado como lo vi desde que recuerdo: camisa, pantalón, sudadera y boina. Todo de blanco, las manos cruzadas sobre el pecho, una rosa blanca entre los dedos y las cicatrices imborrables del hospital en la cara. Su esposa y uno de sus seis hijos se acercaron a él, destaparon el ataúd y comenzaron a hablarle como si siguiera vivo, como se le habla a un enfermo en coma con la esperanza de que nos oiga y en algún momento reaccione.
Me acerqué a su cuerpo sin vida un tanto por curiosidad y otro tanto por despedida. Posé mi mano sobre la suya y dejé que su frialdad, más que la de la noche invernal, llenara mis sentidos para soltarlo, para convencerme de que ya jamás volvería a ver sus ojos nublados que percibían sólo siluetas. De ese hombre ya sólo queda el estuche, y hoy, después del medio día, será cubierto de tierra y lágrimas arrepentidas o tristes.
Para mí, él siempre ha sido un buen hombre. No porque haya sido un gran padre, un marido ejemplar o un amigo incondicional, pues para mí es más como un abuelito adoptado; sino porque siempre que nos veíamos tenía nuevas historias que contar, nuevas bromas que hacer, nuevas proposiciones para mi abuela, a quien le prometió que cuando murieran su compadre y su inche vieja (dicho con todo cariño), ellos se casarían y entonces sí Payis, no te la ibas a acabar.
Más que nada, es un hombre al que no podías negarle tu cariño, pues te robaba el corazón cuando al saludarte te pedía ¡ya no crezcas por favor!, y se asía de tu brazo con mucha fuerza para entrar a la casa.
A final de cuentas siempre voy a extrañarlo, aunque sé que ahora descansa en paz, un día nublado o caluroso recordaré su risa y tendré ganas de verlo, y entonces me golpeará en el pecho la estúpida realidad y me sentiré miserable, como me ha pasado con todos mis muertos.
¡Feliz, feliz no cumpleaños!
Mi madre escribió en la bitácora de mi nacimiento, que cuando me vio por primera vez le ofrecí una amplia sonrisa, cosa muy extraña en un bebé recién nacido. Mi abuelo, que murió cuando yo tenía cuatro años, me sentaba en sus piernas y le maravillaba que me gustara probar la comida amarga o rancia que él adoraba (como quesos muy fuertes) y que sin mucho esfuerzo me hiciera reír a carcajadas. No es raro, entonces, que a los 22 años recién cumplidos, tenga fama de ser una chica muy alegre con una risa escandalosa y contagiosa. A mucha gente eso le desagrada, pero forma parte de mí tan íntimamente como el tamaño de mis ojos o mis problemas ortopédicos.
No cabe duda de que cuando uno no espera nada, lo recibe todo.
He pasado uno de los cumpleaños más bonitos que recuerdo, y lo más emocionante es que los festejos seguirán durante toda esta semana. En el trabajo, por distracción, olvidé contar el por qué festejo el 14 y no el 20, así que mis compañeros pasaron inadvertido el día hasta que se los mencioné, lo cual hace más emocionante la comida del jueves porque me esperan algunas sorpresas según me dijeron.

Creo que nunca me había celebrado por tanto tiempo; es como recibir una excelente noticia después de un día muy malo. Mi emoción es infantil, pero no importa, gozaré de cada día cual si fuera mi primer cumpleaños.
Las felicitaciones por facebook siguen llegando, y la sonrisa tipo Cheshire no desaparece.
Debería ...

7 meses
Eras una sonrisa afable cada mañana (por lo menos de lunes a viernes), y me alegrabas con tu risa aunque de tu brazo andaba otra mujer (amiga mía por desgracia). Por eso todo se volvió secreto, nunca me atreví a insinuar nada, me conformaba con abrazarte en silencio mientras me repetía que no eras para mí ...
La vida, con su extraña manera de actuar, te puso de nuevo en mi camino cuando estaba lejos. En ese momento era yo quien andaba del brazo de un viejo amigo tuyo, mientras tú tratabas de iluminar tu senda con una extraña luz parpadeante. Luego, nos dieron una fuerte patada en el trasero, así que me escapé un fin de semana y nos tomamos un café como si el mundo fuera sólo nuestro, mientras la oscuridad que había en tu mirada me perturbaba y ambos nos sorprendíamos de lo cotidiano que parecía estar juntos.
Lentamente nos fuimos conociendo, compartiendo historias cada noche intentando descubrir si las sospechas eran ciertas, si es que eras tú en quien pensaba y si era yo quien te robaba el sueño.
Recuerdo bien aquella noche de tormenta.
El cielo se hacía pedazos mientras nosotros destrozábamos la cama. No había compromisos, ni ataduras ni promesas, sólo la fantasía de dormir abrazados y sentir por una vez en varios meses que el hueco se llenaba. Lloré en tu pecho esa madrugada, contándote con amargura que había tropezado nuevamente con un amor que nunca me correspondería. Con tus palabras curaste una herida que llevaba mucho tiempo sangrando, aunque nuestra debilidad me hizo caer de nuevo, apartándote de mi vida en lo que fueron los dos meses más tristes que he pasado.
Hay cosas que quizá nunca nos contemos, a veces es mejor cerrar la boca y seguir adelante, pero si algo he de confesarte es que esa decisión fue guiada por mi orgullo herido, que a su vez deseaba cobrar venganza hiriéndote donde más te dolía. Fui muy tonta al pensar que de esa forma me sentiría mejor, pero regresaste a mí justo cuando más te necesitaba, me ayudaste a perdonar los errores del pasado, a entender mis acciones y a darme cuenta de que no había dejado de amarte.
Empezamos al revés, como siempre lo hacemos, pero volviste a conquistarme hasta que justo al mes de reencontrarnos bajé todas mis defensas y te pedí que volviéramos a escribir nuestra historia juntos. El andén del metro, el atardecer nublado, tu rostro iluminado por la alegría y los nervios que me hacían temblar, fueron los ingredientes perfectos para sazonar mis días. Nunca nadie me ha hecho sentir tan única y amada como tú, a nadie he extrañado tanto en tan poco tiempo y nadie ha sido tan importante para mí como tú lo eres. Te has convertido en mi mejor amigo, eres mi alma gemela y quiero compartir mis sueños y cada uno de mis días contigo.
No puedo prometer que esto va a durar para siempre, pero si te prometo que mientras dure tendrás de mí todo el amor que puedo darte, la paciencia que necesitas, un oído atento al cual contarle tus penas y alegrías, y una chica terca y regañona que siempre te dirá "creo en tí, yo sé que puedes lograrlo".
Escape
Puede que haya sido aquel que con su semilla dotó de color, textura y forma a éste ser, pero que yo sepa eso no lo convierte en parte de mi familia.
(Ahora sí estoy furiosa).
Sólo una vez más
La canción del mes

And I know you'll never return to this place
Cuento corto
El tiempo parecía no transitar mientras él hablaba y dirigía a su tripulación. Ella lo miraba ir y venir entre la gente, sobresaliendo siempre por su vigor. El calor arreciaba y por ello la joven se refugiaba al lado de la escalera, sentada sobre un barril que probablemente contenía ron.
Curiosa, notó cómo el caballero sobreactuaba sus acciones cuando se sabía observado. Eso siempre la mantenía aún más atenta a sus movimientos, a sabiendas de que aquello era causado por su presencia.
Todo iba en cámara lenta, incluso el aire agitaba muy lentamente su cabello; fue cuando supo que algo primordial había cambiado, que aquel camino errante volvía a reclamar su presencia, que nunca más volvería a verlo con ojos enamorados ni a besar sus labios o su cuerpo con arrebatada pasión. Supo que el amor se había agotado y que un nuevo horizonte la esperaba.
Cuando se enteró de todo aquello quiso salir corriendo, volar sobre el mar cual ráfaga de viento hecha mujer, hacer de cuenta que lo que ocurría no era tan importante y nunca volver sobre sus pasos… entonces él se acercó a las sombras y le ofreció su mano, provocándole un sobresalto. Sus ojos brillantes y lejanos hacían preguntas silenciosas, ella sólo pudo contestar con una sonrisa a medias mientras se ponía de pie. Lo miró fijamente antes de pedirle lo inevitable.
- Tenemos que hablar…
Y aquello pareció un golpe de realidad, provocando un cambio brusco y escalofriante en la mirada de aquel hombre, haciéndolo temblar casi imperceptiblemente, llenándola de una horrible culpa.
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Hay cosas que son inevitables, incluso cuando una sabe que puede detenerlas, pero comprende que sería totalmente idiota hacerlo.
No es sencillo ser quien dé la última palabra en una relación, a quien se le acabe el amor precipitadamente, quien tenga que explicar por qué carajo todo se fue a la basura (pero si todo marchaba tan bien…). Lo más complejo de todo eso es ver cómo esa “chispa” agoniza, y saber que por más que me esfuerce y aferre a la esperanza, lo que se perdió en el camino nunca se recuperará, y que las composturas al corazón cada vez son más dolorosas.
Del diario de mis días.
En noches como ésta dan ganas de cobijarse con el cuerpo del ser amado, entre velas cuyas llamas dancen incesantes y el humo del incienso elimine todo olor
externo y nos sumerja en un abismo de paz.
En noches como ésta desearía haber aprendido muchas canciones en la guitarra, e interpretarlas aún sin luz mientras el particular aroma de mi instrumento me remonta a viejos tiempos de ensoñación, de bellas tardes de inocencia en tu habitación.
En noches como ésta me encantaría ser poeta y decir sin muchas complicaciones que aunque me han hecho daño desearía volver a ver aquellos rostros que también me hicieron reír, a estrechar entre mis brazos el tibio y vulnerable cuerpo de un hombre que sin saberlo me impulsó a ser como soy, a amarlo como lo amé, a adorarlo como lo adoré, a soñarlo, a desearlo, a desgarrarme por él.
Porque en noches como ésta me doy cuenta de que ya no lo amo, que hay alguien cuya presencia me hipnotiza y me ha devuelto la confianza y la alegría, aunque al final siempre me quedará la añoranza y el anhelo de saberme parte de su rutina, de sus deseos, de su lujuria.
Yo sé que ella te ama, y que hay muchas más que lo darían todo por estar en su lugar; pero estoy segura de que ni ella ni nadie te ha amado o te amará como yo lo hice, que nadie te pertenecerá como esta mujer a la que orillas al olvido. Que nadie ha derramado tantas lágrimas por ti ni ha sido tan feliz a tu lado.
Podrás entregarte a quien quieras y de la forma que más te plazca, pero ninguna sabrá lo que es ser tu amante, tu cómplice y tu amada, ni encontrará en tus ojos la respuesta que buscaba.
Pero tampoco habrá nadie que tenga la obligación de olvidarte para empezar de nuevo, porque si me aferrara a tu recuerdo y a la nula esperanza de un “quizás”, todo lo que levantaste de las cenizas se iría a la nada, y este cuerpo, mi alma y mis entrañas no podrían volver a amar.
Otro gato para portada

Después de seguir el juego del buen Wilson, me topé con que la foto que me tocaba era esta (para que sepan mejor de qué diablos hablo, éste es el link http://eldisparaletras.wordpress.com/2010/05/08/esta-pista-se-llama-meme/#comment-64) y aunque el largo nombre del grupo y aún más el título del disco no me dicen mucho, la foto sin duda me movió algunos recuerdos.
Si creyera en las señales y ese tipo de cosas (que me producen morbo pero no llegan a creencia), podría pensar que esta imagen me indica que algo esta renaciendo, refiriéndonos específicamente a ese pequeño gato que surge del vientre de la chica. Para mí, los gatos eran simples animalitos curiosos que solían ser muy agresivos conmigo, sabrá el cielo por qué. La manera en que los veo ahora cambió drásticamente por la fascinación que alguien importante para mí siente hacia ellos, y que no es lo único que ha cambiado en mi vida. Pero ya que no creo en las señales, diremos que fue sólo un desliz de imaginación insomne, que al toparme con la linda foto me hace pensar que hay solución para el pleito interno que llevo cargando hace días (meses o incluso años). A final de cuentas sólo era un juego inocente, pero sacudió tantas cosas que ahora rondará en mi mente quizá toda la noche.